La literatura como estímulo para la memoria

POR MPYOE. JORGE ENRIQUE LOERA CASTAÑEDA
(MAESTRÍA EN PSICOLOGÍA Y ORIENTACIÓN ESCOLAR) 

“Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora. Los libros son, entre mis consejeros, los que más me agradan, porque ni el temor ni la esperanza les impiden decirme lo que debo hacer” ( Alfonso V el Magnánimo).

Al escuchar la palabra literatura, vienen a nuestra mente todos aquellos fabulosos relatos de aquellos grandes escritores que nos hicieron sentir con sus libros, sus pensamientos y relatos, que algo de nosotros podía cambiar, nos dieron esperanza, nos hicieron sentirnos aceptados, comprendidos y hasta escuchados.

Esto se debe a que la palabra escrita nos permite llegar a muchísimas partes, mientras que la palabra de manera oral solamente es atendida por aquellas personas que nos pueden escuchar en su momento o que quizá nos escuchen en una grabación o en un video. Sin duda alguna el plasmarlo de manera escrita, da la posibilidad de que otras generaciones puedan compartir y aprovechar las palabras de aquellas personas que escribieron con la intención de entretener al lector, de propiciar un viaje imaginario a través de lugares y situaciones o de llenar de esperanza y de ideas claras a cuantos lean aquellos mensajes.

Dentro de mi experiencia profesional trabajando con adultos mayores y con personas que han tenido problemas con su memoria debido a un deterioro cognitivo o algún accidente, he tenido la oportunidad de utilizar como herramienta muy eficaz la literatura, ya que esta permite que se pueda estimular la memoria, el razonamiento, la empatía, la capacidad lectora, así como su comprensión y discernimiento.

Autores como Mario Benedetti, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Amado Nervo, Jaime Sabines, Miguel de Cervantes Saavedra, entre otros muchos, han llenado los corazones de generaciones de romance, emoción, aprendizaje, esperanza, y ¿por qué no decirlo? hasta de una nueva forma de pensar y de ver las cosas.

Al analizar los beneficios de la literatura como un estímulo para la memoria, no solamente de aquellos que se han visto afectados en ella, podemos observar los grandes logros que se tienen al seguir los pasos correspondientes a la estimulación, por ejemplo:

Aprender una poesía o poema, apoyándonos en la neurociencia, vemos que cada vez que aprendemos algo nuevo, nuestro cerebro se activa de manera positiva, creando sinapsis y despertando o encendiendo nuevas conexiones, además de que el aspecto emocional se ve beneficiado con la satisfacción de logro y la estimulación de los sentimientos que provocan las palabras tan estéticas y significativas que tienen como característica este tipo de literatura.

Leer un libro, sería demasiado pedir aprendernos de principio a fin un libro, pero no es necesario dentro de la estimulación, ya que lo que se obtiene en este tipo de actividades en la que se estimula la capacidad lectora, la comprensión e interpretación de la lectura, es que se puede llegar a propiciar en el lector que los recuerdos vuelvan y que las experiencias vividas sean asociadas con las que está leyendo, de aquí que los sentimientos que se despertarán serán muchísimos, la empatía,  aceptación,  comparación y la admiración juegan un gran papel en esta actividad.

Escribir poemas, poesías, pensamientos o experiencias, cuando logramos plasmar en un papel nuestras experiencias, sentimientos, pensamientos o formas de ver las cosas, nos sentimos desahogados y saciamos esa necesidad de trascender, la cual nos hace sentir bien y de alguna manera nos permite experimentar el éxito por terminar una actividad y valorar las experiencias, el vocabulario y el léxico que hemos adquirido conforme han pasado los años. Qué maravillosa sensación experimentan los escritores aficionados cuando realizan esta actividad.

Si pudiera en una frase o en un pensamiento compartir la importancia de fomentar la literatura en la vida, podría decirte que la literatura llenará tu vida de emoción, placer y de la posibilidad de trascender de generación en generación, además de comprender el mundo que te rodea.

Ya lo han recitado grandes personalidades del teatro (dramaturgos, guionistas, entre otros,) que no es el teatro en sí lo que llena de virtudes a la humanidad, sino aquello que se representa con el alma, se lee con el corazón y se escribe con la sangre.

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