Las cosas por limpiar

Dra. Ma. Luisa Rivera García
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Recientemente la plataforma Netflix estrenó una mini serie (de las más vistas) que en español renombraron como “Las cosas por limpiar”.

Generalmente no entiendo o incluso me parece absurdo o sin sentido la manera en que se renombran las películas o series al traducirlas, en esta ocasión me resultó del todo exacto. Maide en inglés (sirvienta) se queda corto, la serie toca muchos temas, el tema del servicio es sólo un complemento.

Lo que “parece” ser el tema central es la violencia, la violencia a las mujeres, la violencia a los que menos tienen, la violencia que viene desde la infancia y se repite… Pero para mí el verdadero tema, es la posibilidad; la posibilidad de cambiar un destino esperado, una repetición heredada de alcohólico a alcohólico, de víctima a víctima, de madre a hija, a nieta…

Viniendo de una madre bipolar, inestable y sin apoyo psiquiátrico, el personaje central, Alex (Margaret Qualley), hace pareja con Sean, otro hijo lastimado por el alcoholismo materno que repite.

Alex conoce “casualmente” en el mismo lugar a dos hombres, y de todos los que pudiera encontrar sólo uno llama su atención, el hombre “herido”. El “sano” no logra, ni en ese momento, ni en el futuro en el que se reencuentran, despertar su amor. Y pues sí, difícilmente le va a resultar atractivo alguien con quien no resuena, alguien que siente lejano; en cambio el chico que creció en la orfandad simbólica, le resulta totalmente empático.

Y de ahí que me resulte tan apropiado el título de “las cosas por limpiar”. ¡Claro que es posible cambiar!, tener un mejor destino que el esperado. ¡Claro que es posible tener una mejor vida! ¡Claro que es deseable trascender las dificultades que la vida me trae, o que me han sucedido desde la infancia!, sólo que es difícil.

Hay mucho que limpiar… en mi interior y en mi manera de posicionarme frente a las circunstancias. Porque no son las circunstancias lo que se tiene que mover, ahí es lo primero en donde nos perdemos.

Si Alex hubiera buscado que su pasado fuera otro o perdiera el tiempo renegando de él o evadiéndolo, no sale; tampoco si se hubiera mantenido en el resentimiento, y tendría motivos para estar resentida con la madre, o con el padre, o con la pareja, o con la vida, o con su “suerte”. ¡Mira que te toque que un adolecente imprudente venga a estrellarse contra tu medio de transporte, eso ya raya en el infortunio!

Pero no, para su bienestar, ella se centra en salir del “hoyo” y no en lamentarse o enojarse, lo que sería legítimo, pero no te saca, te atora, por ahí no hay salida, sería como quedarte en el bote de basura, a regañadientes, pero ahí metida.

La historia es una historia de búsqueda, de búsqueda de trascender, incluso de trascenderse a sí mismo. Como cuando cae en depresión o cuando decide volver con la pareja violenta. Tal vez visto desde el exterior no haga sentido. ¿Cómo volver con él si ya lo conoce? No, no tiene sentido, pero sucede muy muy a menudo.

Es difícil romper el ciclo de la violencia, todo en lo exterior te regresa, “por qué dejar a un hombre que te ama, que se está esforzando por ser mejor” le dice la madre. Pero también tu interno te cuestiona “En realidad es un buen padre” “Mi hija lo ama tanto” “Tal vez sí esté pidiendo mucho” “En realidad nunca me ha golpeado” etc., etc.

Y hasta la idea del amor romántico que hemos introyectado nos regresa al “Juntos para siempre”. “En las buenas y en las malas”. “Hasta que la muerte los separe”…

Y, sin embargo, es una historia de lucha, de búsqueda de bienestar, de trascendencia. Todos los personajes van evolucionando, van buscando su manera de un mejor vivir y tienen un sentido para eso, para Alex, el sentido se lo da su pequeña hija y su deseo de escribir. Para su madre la búsqueda se centra en la pareja, para el padre es dejar el alcoholismo, para Sean (la pareja de Alex) también dejar el alcohol y ser un mejor padre.

Hasta la “patrona” rica se humaniza al hacerse madre, y se convierte en el eje central de la “red de soporte” que Alex no tenía. Cada uno tenía su propio camino y podemos no estar de acuerdo con el camino elegido, pero tendremos que reconocer que es un anhelo de mejorar. Incluso las acumuladoras que le dan trabajo a Alex están buscando una mejor manera de vivir.

Tener una mejor vida es posible, trascender la violencia, el abuso, lo que nos atora es viable. Hay que empezar por reconocerlo.

El primer paso de Alex, fue aceptar que era violentada y después hay mucho que limpiar, por reconciliar, por aceptar. Tropezarse, regresarse, arrepentirse es común, lo que no es válido es no intentarlo de nuevo, mantenerme en mi “zona de confort” que en realidad no es confortable, pero la conozco, no me implica más reto que seguir padeciendo lo que ya es familiar.

La historia de Alex bien puede ser la  historia de muchas otras mujeres, no olvidemos que está basada en la historia verdadera de la escritora.

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