Lesión en isquiotibiales

Por L.T.F. María Itzel Guereca Meza

Cuando pensamos en fuerza, en movimiento, en flexibilidad, inevitablemente llegaremos a la conclusión de que físicamente tenemos todas estas capacidades porque existen órganos que nos permiten realizar estas y muchas funciones más. En especifico estos órganos son nuestros músculos. Los músculos son los responsables de producir cualquier movimiento voluntario o no, que realizamos diariamente. Mediante un mecanismo de relajación y contracción, el músculo nos permite permanecer en equilibrio entre la relajación y la activación física. Dependiendo del lugar donde esté posicionado un músculo, se determina la acción que este realiza, puede ser un músculo que nos ayude a flexionar, a extender, a rotar o a elevar, y los podemos clasificar por la cadena muscular a la que pertenecen.

En particular, en esta ocasión hablaremos sobre los músculos isquiotibiales que son músculos ubicados en la parte posterior de la pierna. Los isquiotibiales son un grupo muscular que está compuesto por tres músculos: el semimembranoso, el semitendinoso y el bíceps femoral. Estos se originan en la zona baja de la pelvis y se insertan mayormente de forma distal en la tibia, hacia la periferia de la articulación de la rodilla. Los isquiotibiales son partícipes en la extensión de cadera y la flexión de la rodilla, por lo que cada vez que damos un paso, subimos y bajamos escaleras, nos incorporamos de una silla o levantamos algún objeto del suelo, estos músculos se activan o relajan para permitirnos el movimiento deseado. 

Sin embargo, al ser tejido blando, están expuestos a lesiones propias no sólo del tejido muscular sino relacionadas a las funciones que estos músculos realizan. La sobrecarga muscular es la causa principal de la distensión muscular de los isquiotibiales. Esto puede suceder cuando el músculo se estira más allá de su capacidad. Un salto, estiramiento o impacto repentinos pueden desgarrar el músculo de su conexión con el hueso. Hay varios factores que pueden hacer que sea más probable que tenga una distensión muscular, entre ellas: la tensión muscular, el desequilibrio muscular, que sucede cuando un grupo muscular es mucho más fuerte que su grupo muscular opuesto; un mal acondicionamiento, o bien la fatiga muscular que reduce las capacidades de absorción de energía del músculo, haciéndolos más susceptibles a las lesiones. 

Cuando se presenta una lesión, principalmente por desgarro muscular, los síntomas más comunes son dolor en la parte posterior del muslo al extender o doblar la pierna, sensibilidad inusual al tacto o presión, hinchazón y aparición de hematomas en el área afectada, acompañada de debilidad en la pierna afectada que dura mucho tiempo después de sufrir la lesión.

Posterior a la lesión, es necesario una valoración del daño y posteriormente se plantea un plan de tratamiento. Según el grado del desgarro, el fisioterapeuta diseñará el plan de tratamiento adecuado a las características del paciente. El objetivo de la fisioterapia es rehabilitar lo mejor posible las funciones del músculo desagarrado previo a la lesión y prevenir que este tipo de lesiones reincidan en un futuro. Si bien el abordaje fisioterapéutico es único en cada caso, generalmente el proceso de rehabilitación se divide en fases según la evolución del paciente tratado. 

Disfruta del movimiento que proporciona cada músculo, atiende los dolores que se presenten propios de la actividad diaria o bien por alguna lesión, recuerda que nada duele “lo normal”, porque lo normal es que no duela nada. Para cualquier lesión busca ayuda profesional que te oriente a la mejor recuperación de tu cuerpo.

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