Leyendas jamás contadas

Desentierro

Por Leonardo Daniel García Santana

Era el año de 1999, yo recién había cumplido los 8 años de edad. En aquellos años de mi niñez, disfrutaba de la inocencia jovial, al jugar con dinosaurios de plástico y camiones de madera que mi padre me obsequiaba.

Recuerdo que el jardín de la casa era amplio y muy verdoso, pero cual niño que fui, me entretenía sacando el hermoso césped para hacer socavones de tierra por todo el lugar, de joven quería ser paleontólogo, aquellos científicos que trabajan desenterrando huesos de ancestrales monstruos reptiles. Así que esta era una manera de acercarme a mi sueño.

Mi madre bien me lo advirtió “deja de estar escarbando, o acabarás sacando a un muerto”. Yo, aún pequeño, podía entender que esta era una metáfora que mi mamá usaba para referirse a que no era seguro jugar en la tierra, pero, nuevamente, como el niño que fui; escarbé, escarbé y escarbé. Llegué tan profundo en la tierra, que topé con algo metálico, se sentía claramente hueco, mis manos inquietas apartaban del camino a los gusanos rastreros y escarabajos para poder abrir camino a aquella extraña pieza de metal.

Al lograr sacarla, pude notar que se trataba de una caja de tipo aluminio, similar a aquellas famosas cajas de galletas, que cuando las abrías tenían de todo menos galletas, más bien hilos y agujas de nuestras tías o abuelas. Coloqué mis manos alrededor de la tapa, con ansiedad la abrí para ver que misterios develaría… ¿Cuál fue mi sorpresa?, ¿Cuánto me sorprendí? ¡Había juguetes! Trompos, yoyos, baleros y matatenas, eran de madera, lucía vieja con pintura gastada tricolor. Pero algo debajo destacaba, era una foto, parecía antigua, había un pequeño como de mi edad, seguramente dormidito, pensé, pues tenía los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacía un lado.

Orgulloso de mi “Cofre del tesoro” corrí con mi madre a quien le dije:

– ¡Mamá! ¡Mamá! Encontré la lonchera de un niño.

Ella, atemorizada ve la foto y me arrebata todo de las manos, no sin antes reprenderme.

– ¡No vuelvas a jugar en la tierra nunca! ¿Entendiste?

Yo recuerdo sentirme mal, no sabía en qué me había equivocado. Recuerdo que ella era muy amiga del párroco del sagrado corazón de Jesús, pero a ese hombre lo veíamos siempre en la iglesia, me pareció extraño que esa tarde vino y con el hisopo (palo del agua bendita) comenzó a arrojar agua a todos lados mientras rezaba.

Me fui a dormir confundido y reprendido, me fui a mi recámara, que tenía duela de madera, la oscuridad se hacía latente, de no ser por la débil luz de la luna que entraba por mi amplio ventanal de piso… de pronto, de mi lado derecho comencé a sentir mucho frío, fue algo extraño, pues el ventanal estaba del lado izquierdo, me giré para calmar el frío, y sobre el tocador que estaba a la altura del colchón, pude ver un niño en la oscuridad.

Él se encontraba en cuclillas, recuerdo cuestionarme “¿Qué hace mi compañero de la escuela aquí?”

La realidad es que no entendía porque veía a aquel siniestro niño, que en donde debían ir sus ojos se veía la oscuridad del inframundo.

De pronto, él dio un salto del tocador y cayó en la duela de madera, recuerdo escuchar sus pasos bruscos hacer estragos en el suelo, asustado, vi al macabro niño llegar al ventanal y estamparse, no sin antes desaparecer en la oscuridad, aún recuerdo sus manitas quedar marcadas en la fría ventana.

Años más tarde, ya un adulto, supe que aquella foto, era una fotografía post mortem, propia de aquellos ayeres y que se decía, captaba el alma de los difuntos.

Puedes comentar con Facebook
Anuncios