Madre, pareja y trabajadora

L.P. y L.C.T.C. Fátima del R. Covarrubias Gurrola

Los roles de la mujer han variado con el paso del tiempo, pues se desempeñan hoy día bajo una óptica de versatilidad, misma que han ganado, aunque eso ha implicado algunas otras pérdidas que ahora no vamos a enlistar, pero basta con decir, que la mujer se ha vuelto tan multifacética, que acaba siendo presa de las derivaciones de los éxitos de los que tanto se enorgullece.

La mujer quiere trabajar y salir de casa, pero cuando lo logra descubre que, al regresar, tal vez, no se hizo lo que se suponía ya tenía que estar listo, o no se hizo de la manera que esperaba, o las cosas no funcionan como cuando ella está en casa, lo que bien podría verse bajo la lupa como un deseo oculto de control.

Resulta interesante saber que en el juego de roles de hombres y mujeres, las piezas se acomodan de acuerdo al movimiento de cada uno. El movimiento de cada sexo ha hecho que inevitablemente tome una postura que sea funcional en el momento histórico que toque vivir.

Así, mientras en diferentes contextos, la mujer ha tenido un papel más dirigido a ser pareja, madre y cuidadora, el hombre ha tenido que ser la parte activa y productiva de la pareja, el que sale de casa, el que se encarga de la provisión, las decisiones importantes en el rubro del manejo del dinero, etc.

Las funciones de género han sido claramente definidas por usos y costumbres que han situado a hombres y mujeres en el centro de ciertas actividades les gusten o no, lo que nos lleva a ver entrelazado el tema del género con la cultura. Es importante decir, aunque no se puede generalizar, que en muchos casos la mujer quiere abarcar tanto, que en ocasiones son sus propias expectativas de sí misma lo que la lleva a situarse en circunstancias límite.

En el caso de las mujeres que han elegido formar una familia en el esquema tradicional, merecen digno reconocimiento, cuando combinan sus actividades de madre, esposa o pareja, con las actividades laborales, pues implica un trabajo de administración de tiempo, energía, atención, etc., al que debe hacer frente y que le permite insertarse en ese sector de la población. Este hecho sin duda en otro momento podría haber sido considerado una proeza, pero actualmente se ve como algo totalmente común.

No son pocas las mujeres que presentan un gran estrés que ni ellas mismas son capaces de reconocer, y que diariamente les acompaña sin que exista una conciencia plena de que esa condición cotidiana no debiera ser la normalidad a la que deberían acostumbrarse.

Claro está que la exigencia autoimpuesta por la mujer podría decirse que responde a un movimiento social que incita a las mujeres a desarrollarse en otros ámbitos además del de madre o pareja/esposa, sin embargo, no se puede dejar de lado el aspecto económico, que en muchos casos es lo que prima las decisiones de salir del hogar para trabajar, más allá de ideales, anhelos o superación.

Y no se trata de establecer juicios de valor acerca de la elección de la mujer de combinar los diferentes roles que desempeña, más bien se trata de una reflexión acerca de la presión adquirida por vivir en una constante toma de decisiones en los diferentes papeles que desempeña. Así como tener presente que los mecanismos de afrontamiento que ha desarrollado, si bien le han permitido avanzar en diferentes esferas, también le han impedido alcanzar plenitud en otras áreas.

Hasta aquí podemos decir que la mujer que combina su rol de madre, esposa/pareja y trabajadora es una persona que se puede considerar exitosa, cosa que puede ser cierta, sin embargo, no se habla del desafío emocional que eso implica, pues en muchos casos la mujer con esas características, suele ser una persona que  maneja una gran cantidad de estrés que la orilla a una desconexión consigo misma, lo que hace que no sea capaz de identificar lo que realmente desea, piensa o siente y puede ser fácil caer en un mar de exigencias externas que la llevan a  enrolarse en la trampa de querer que todos estén bien, aun a costa de sí misma.

Aquí presento 8 preguntas dirigidas a esas mujeres multifacéticas que creen que todo lo pueden, pero tal vez vivan bajo la opresión de un estrés silencioso que puede llegar a minar a la larga su salud emocional y física. Te invito a que revises las preguntas y trates de contestarlas con honestidad:

¿Siento inquietud, incapacidad de relajarme?

¿Puedo pensar en otra cosa cuando algo me preocupa?

¿Siento opresión en el pecho o sensación de ahogo?

¿Tengo sentimientos de depresión o tristeza?

¿Me siento emocionalmente inestable?

¿Tengo molestias digestivas o dolor abdominal?

¿Tengo dolores de cabeza frecuentes?

¿Tengo notoria necesidad de dormir?

Si tienes más de 5 respuestas afirmativas, manejas un estrés alto, por lo que es recomendable revisar tu lista de prioridades y tratar de equilibrar tu agenda con cosas que te ayuden a estar más en armonía. Y ¿qué es estar en armonía? La respuesta podría basarse en un indicador muy sencillo: ser una persona congruente con lo que piensa, siente y hace. La pregunta que debemos hacer en este sentido es: ¿Hago en mi vida lo que pienso y siento, o acabo haciendo la mayoría de las veces, lo que los otros quieren?

Tal vez creas que nada de tu lista de ocupaciones se puede eliminar, entonces te invito a que no elimines por lo pronto, sino que hagas ajustes en los tiempos que dedicas a cada actividad. Trata de ahorrar un poco de tiempo en esas acciones obligadas, para que abras la oportunidad de hacer algo para ti, un regalo exclusivo de tiempo para dedicárselo a la persona que realmente tienes que empezar a cuidar si es que quieres estar ahí para los demás: tú misma.

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