Mercado Gómez Palacio

Por: Oscar Luna G.

Sin duda alguna un atractivo turístico más de las ciudades es su mercado, aquel lugar destinado al comercio local, donde se puede encontrar desde la gastronomía típica, las artesanías y muchos objetos más. Durango no es el caso exento de tener un mercado bello e interesante, pues desde hace 140 años, luce reluciente en nuestro centro histórico.

En nuestra sección pasada, hablamos del conjunto franciscano que se encontraba en nuestra ciudad, que lamentablemente despareció en el año de 1917, tras su derribo, dicho conjunto franciscano anterior a esto, ya había sufrido un golpe con la secularización y expropiación de bienes, pues tras las leyes de Juárez el solar que estaba destinado a su huerta, les fue expropiado por el gobierno.

Dicho solar estaba destinado a la huerta de los franciscanos y se encontraba en el lado oriente de su conjunto. Este tras su expropiación quedó abandonado y en litigios y no fue hasta finales de la década de los 70s del siglo XIX cuando el gobierno decidió darle un uso.

El gobierno determina que en este solar abandonado se comience a construir el nuevo mercado de la ciudad, ya que el que existía, conocido como “El Parián” ya estaba en mal estado, pues estaba en Durango desde 1791 y algunos documentos describen se encontraba en malas condiciones. Este parián se encontraba frente a la plaza de armas de la ciudad, en el lado sur, donde antiguamente eran las casas reales.

El nuevo mercado de Durango se comenzó a construir en el año de 1879, así se relata en algunos periódicos de la época, se anuncia su construcción y logra ser concluido 2 años después, para el año de 1881, año en que fue inaugurado mediante una ceremonia solemne.

El entonces gobernador de Durango era el Lic. Francisco Gómez Palacio, quien había mandado construir este mercado, y es por él y esta labor para la ciudad que se determina que el nuevo mercado llevaría su nombre, para honrar su gestión. Dicho mercado fue construido en toda una manzana del centro histórico, desde la calle real por el sur (hoy 5 de febrero) hasta la calle mayor por el norte (hoy 20 de noviembre, al oriente por la calle del Patoni y al poniente por la recién calle que adopta el nombre de calle del mercado (hoy Pasteur).

La inauguración se celebró un 15 de septiembre por la mañana, un día muy solemne pues por la noche se celebraba la noche de independencia, a la inauguración asistió una gran concurrencia de personajes duranguenses, los cuales fueron testigos de este crecimiento económico y arquitectónico que se comenzaba a vivir en la ciudad.

En sus inicios el mercado funcionó como una central de abastos, pues en su interior se podían encontrar productos para la vida cotidiana, desde fruta, carnes, mercería entre otras cosas. Pero conforme fueron pasando los años el giro mercantil que se dio en el mercado fue notorio, pues se comenzó a vender en sus puestos artesanías, souvenirs, comida y una variedad de productos para diversos usos.

Ya para los años 40´s se comenzaron a elaborar una serie de productos con los alacranes que se capturaban en esta ciudad, aquel arácnido que por muchos tiempos fue temido por los altos índices de mortandad, pero que afortunadamente a finales de los años 20´s se había creado el antídoto, los duranguenses innovaron en la creación de estos productos con el característico alacrán, mismos que hasta la fecha se siguen elaborando.

Definitivamente es un deleite recorrer los pasillos del mercado Gómez Palacio, un disfrute admirar nuestra cultura, tradiciones y la esencia de los duranguenses, una degustación de olores, colores y sabores. Si somos de Durango, es seguro que al menos una vez en la vida hayamos visitado este mercado y si no es así, no dudemos en hacerlo para admirar esta parte tan importante de nuestra ciudad.

Qué gusto saber que en el mercado Gómez Palacio luce reluciente a través de los años, que gracias a todos sus comerciantes que lo cuidan y protegen, hoy luce majestuoso en nuestro centro histórico.

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