Mi recuento de fin de año

Por LPC. Saulo de Jesús Ramírez Cisneros

El tiempo se ha pasado muy rápido, veo mis fotos de hace un año y hay algunas diferencias. No es que me vea más viejo, pero se nota que ya no estoy igual. Definitivamente el tiempo no pasa en vano.

En enero hice una serie de propósitos… hoy me sonrió al recordarlos. Finalmente, la mayoría de los propósitos quedaron en el baúl de los recuerdos. No ahorré, no hice los cambios que quería hacer en mi casa, tampoco hice ejercicio, y mucho menos bajé de peso; de hecho, ahora tengo algunos kilos de más.

Pero no me deprimo. Y es que si bien no me apegué al plan original, hice varias cosas que estaban totalmente fuera de mis planes. Superé problemas, mantuve la cordura ante las situaciones que no están en mi control y bueno, sin duda soy afortunado.

No soy lo que imaginé que sería cuando niño. Eso ha quedado muy lejos. Nuevamente se dibuja una sonrisa en mi rostro al recordar lo que me imaginaba para mí mismo; quería crecer rápido, quería ser grande… Ahora puede decirse que soy los sueños de un niño en la piel de un adulto. Y conforme pasa el tiempo comienzo a comprender a mi padre y a mi madre. Descubro con asombro que mis pensamientos se parecen ahora a los de ellos.

Pero bueno, sólo se trata del recuento de este año, sin embargo, el tiempo realmente no existe, vivimos en un eterno presente. Sólo espero que cada momento sea por mi parte vivido de manera consciente.

Este año, muchos han perdido a algún ser querido, ya no está aquella persona que ayudaba a darle forma y calor a su vida. Quedan sólo la memoria de las palabras, los abrazos, los besos.

¿Y qué tal si la vida tuviera de importante solamente aquello que queda en los recuerdos buenos? Sin duda sería más bonita, más real, más presente.

Vivir por aquello que permanece aun cuando el tiempo se esfuerce en borrarlo. Me refiero a los afectos, los abrazos, los besos, las sonrisas, la paz del alma al saber que aquí sólo estoy de paso y por eso al final no hay nada más pesado que tomarse la vida tan en serio. Somos polvo, somos viento.

Pero también somos aquellos que podemos encender el alma con el amor, con la sonrisa de cada día, aunque por dentro existan mil razones para no estar contentos.

Animémonos unos a otros, no nos condenemos a la soledad que ahoga. Tal vez mis propósitos no se cumplieron porque son sólo para mí, sólo míos y no nuestros.

¿Qué si tengo algo pensado para el próximo año? Pedir y vivir el pan de cada día, tanto del alma como del cuerpo.

Ojalá seas de aquellos que han cumplido todos sus propósitos, espero no sea efímero lo que persigues. Y si eres, cómo yo, de los que no han podido salir del cero, no te preocupes, en esta vida nada hay perfecto, pero todo es perfectible. No te angusties, la vida no es castigo y tampoco cementerio. La vida es lo que es: una oportunidad para sonreír de nuevo.

¡Que tengas un excelente día!

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