¡No nos damos cuenta!

Por Andrea Dorador Sarmiento

La  violencia contra las mujeres, no es un tema particular del Estado de Durango. Esto que vivimos las Mujeres, es una situación que abarca toda la República Mexicana. Un problema intercultural que cruza de Norte a Sur, que afecta a todas las mexicanas y mujeres que habitamos este país. La participación de las mujeres en pleno Siglo XXI sigue viviendo un importante rezago. Las mujeres, seguimos siendo violentadas, no solamente de manera física y psicológica, también de manera económica, obstétrica, patrimonial, sexual, de género, hostigamiento, acoso sexual, política, simbólica, mediática, y violencia digital, hoy todas estas, arropan a nuestra sociedad. Entender lo que cada uno de ellas representa y la diferencia entre todas estas es fundamental. En una gran parte, las mujeres no conocemos las diversas formas de recibir violencia. Todas, en algún momento hemos vivido violencia de manera muy constante.  

Haré hincapié en la violencia económica, que afecta la independencia que forzosamente manifiesta limitaciones encaminadas a controlar el ingreso o recursos económicos destinados a satisfacer las necesidades de los hijos, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo al del sexo masculino. La independencia de las mujeres, no se pone en duda. No se pregunta, ni se cuestiona. El marco legal es muy claro, es preciso y muy conciso. Marca puntualmente la problemática que todas vivimos, y no sólo la vivimos, ¡no nos damos cuenta que la vivimos! Porque con ella nacimos y crecimos. ¡Basta, ya no más! Este país, necesita más mujeres, libres, sanas, autónomas, inteligentes y sumamente preparadas. Porque la clave de todas, es la educación.

Los ojos de toda una sociedad, se centran, en la grave problemática de seguridad que vivimos. Las violaciones sexuales, no son invento. La violencia física y sexual, desbordan los índices de seguridad. La fuerza física, uso de objetos, armas, o sustancias que provoquen lesión interna y externa u ambas, que incluso, provoquen la muerte a una mujer, no es un teatro. Son actos que se viven, y conllevan a la violencia sexual; otro delito grave. Actos que atentan, contra la libertad, integridad, pero, sobre todo, contra la dignidad humana y derechos humanos, inmediatamente deben ser turnados a los entes encargados de impartir justicia y reparación, que juzguen, con trabajo fundado en perspectiva de género. 

Los Derechos de las mujeres, no se ponen en juego. Son parte inalienable, integrantes e indivisibles de la naturaleza humana, establecidos en la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Durango, instrumentos internacionales suscritos y ratificados por México y demás ordenamientos aplicables en la materia, destinados a proteger a todas las mujeres que circulen por todo el territorio mexicano. Para ello, insisto, trabajar en el tejido social, político y económico, que brinde al Estado, de buenas oportunidades laborales, bien remuneradas; la violencia hacia mujeres, tornará de frutos.

Las mujeres debemos sentir respaldo social y económico para trabajar en una autonomía femenina familiar fuerte. Estructurar entre mujeres, vivir una vida libre, de independencia económica debe ser primordial.  

La unión siempre hace la fuerza, el trabajo en conjunto genera sintonía que impacta positivamente a nuestra sociedad. El índice más alto que vivimos todas, radica en la familia. Núcleo en el cual, las jerarquías entre mujeres y hombres, es desigual.  Lo que representa y provoca, un bajo índice de mecanismos que empoderan internamente a la mujer dentro de su hogar. Salir a trabajar, para todas nosotras, debe de provocar, forzosamente, impacto de manera interna hacia nuestro núcleo y por consecuente de manera externa a nuestra sociedad. 

Comprender esto, es un proceso social de trabajo arduo. Vivamos consientes, que no existe barita mágica para transformar y erradicar la violencia. Sin embargo, laborar por una sociedad con perspectiva de género que incruste principalmente a la familia y sus mecanismos a través del sistema educativo, debe de ser una prioridad para los gobiernos. La visión científica, analítica y política, sobre mujeres y hombres, que promueva la igualdad entre ambos sexos, eliminando actitudes de opresión basadas en el género, es, forzosamente por índices de seguridad, agenda pública y política hoy, para todos nuestros gobernantes. La equidad, y la independencia económica, brindará, evolución y bienestar a todas las mujeres, ¡Que viva nuestra independencia económica! 

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