Parentalización

L.C.T.C y L.P. Fátima del R. Covarrubias Gurrola 

La tradición y costumbre familiar a nivel mundial han marcado ciertos rumbos en el ámbito del pensamiento y pautas de comportamiento; por ello, se han permeado y afianzado ideas acerca de que los de edad más avanzada se hacen cargo de los más jóvenes y esto es interesante porque, aunque es una idea que pareciera correcta, se debe hacer una apreciación más fina de esto.

Y es que cuando se habla de los mayores, creo que a la mayoría nos hace pensar que se trata de los adultos, es decir, de los abuelos o los padres, quienes tienen como responsabilidad el cuidado de los más pequeños de la familia, sin embargo, existe un fenómeno que se presenta con más regularidad de la deseada; nos estamos refiriendo a una condición conocida como parentalización, que es cuando los padres delegan en uno o varios de sus hijos, tareas inherentes a su rol de padres.

En México es muy común, y más en este tiempo en el que ambos padres trabajan fuera de casa, delegar a los hijos mayores la responsabilidad de “hacerse cargo” de sus hermanos más pequeños, siendo esta condición una tarea permanente que forma parte de sus acciones cotidianas, desde muy temprana edad, es decir, cuando se habla de un hermano mayor, puede ser que la diferencia entre un hermano y otro, sea mínima, sin embargo, se le asigna el rol de responsable de su hermano más pequeño.

Por otro lado, es necesario hablar del tema de género en este fenómeno, pues se ha asignado al rol del hermano mayor, la máxima responsabilidad, pero aún más, cuando se trata de un hermano mayor que es varón, ya que además de “estar a cargo de sus hermanos menores”, los hermanos mayores tienen que ser, además de cuidadores, defensores, asesores, supervisores y hasta proveedores.

Se debe considerar además que cuando se habla de “hacerse cargo”, la expectativa social de un hermano mayor varón, es que incursione también en el rol de proveedor, cubriendo las necesidades de los hermanos menores, lo que implica que el hermano mayor se autoexija y tenga repercusiones en su vida, mismas que desafortunadamente en su mayoría no son afortunadas.

No se debe perder de vista que este proceso de parentalización causa, además, un entorpecimiento en el sano desarrollo de los hijos sometidos a este tipo de alteraciones, tanto para el hermano cuidador como para el hermano cuidado. Se trata de una alteración que vulnera las estructuras familiares, pues trastoca las jerarquías, los límites, los roles y las funciones de los miembros de la familia, tal como lo plantea el psiquiatra y terapeuta argentino Salvador Minuchin, al hablar del sano desarrollo de los hijos en la estructura familiar, bajo el respeto de los roles que se viven en la estructura de la familia.

De una manera muy resumida, podemos hacer un acercamiento al campo de las huellas que deja la parentalización en los hijos:

Frustración: el hijo parentalizado puede aplazar sus planes personales por cuidar a sus hermanos y eso puede llevarlo a desmotivarse para formularse metas más altas.

Sentimientos contradictorios: el hijo en esta condición puede experimentar mucho enojo contra sus padres y hermanos, a la vez que siente que tiene que cuidarlos, no sólo a los hermanos, sino hasta sus padres, en algunos casos.

Visualización de insipiencia en el manejo de normas: Al no contar con experiencia y buen manejo de sentido común debido a su corta edad, el hijo parentalizado suele tener comportamientos impositivos y hasta agresivos.

Anulación de emociones de igualdad: se llega a detonar una postura de rivalidad entre hermanos; los menores sienten que no son suficiente ante las exigencias impuestas, mientras que el hermano mayor experimenta culpa.

Sin duda, la colaboración de los hijos mayores en tareas específicas y circunstancias de poca relevancia puede ayudar a la cohesión familiar, pero nunca se deberá tratar de sustituir la labor de los padres, con el rol del hermano mayor. La labor de ser padres nunca podrá delegarse a alguien que también se encuentra en etapa formativa. En el caso de que exista necesidad de apoyo para los padres, esta acción deberá ser asumida por otro adulto, preferentemente de la familia extendida. En ningún caso es recomendable que un niño, adolescente o joven, sea apresurado a vivir una etapa de vida que no le corresponde.

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