Poner límites

Por Fátima del Rosario Covarrubias

En mis años de infancia no había logrado impactar en nuestro país lo que luego se conoció como la Crianza Positiva, pues aunque surge a finales de la década de los 80’s, mi generación como muchas otras, fue educada según las pautas establecidas por los abuelos y a su vez, por sus antepasados.

Sin embargo, esta idea surge mucho antes, pues desde 1920, el psicoterapeuta Alfred Adler había introducido por primera vez la idea de la educación para madres y padres, abogando por un trato respetuoso hacia los niños, pero con ello también aumentó que los niños crecieran sin límites o bajo una educación de sobreprotección, produciéndose problemas sociales y de comportamiento.

De acuerdo con el pediatra y terapeuta familiar Salvador Minuchin, en la familia hay además de individuos, pautas interaccionales que se dan entre ellos, es decir, cómo y con quién se comunica cada uno de sus miembros. Dichas pautas se repiten en el tiempo y van dando lugar a la configuración de reglas de comportamiento, las que conforman los distintos holones.

En este sentido, la estructura familiar es, básicamente el holón familiar; entendiendo por “holón”, una referencia a totalidad: “holos”, agregando la partícula “on” para acentuar que está en constante movimiento. Cada holón tiene funciones y reglas específicas. Uno de los holones es el Holón Parental, que abarca a padres e hijos e implica el cuidado, el apoyo, la contención, el afecto, la dependencia y el enseñar la independencia.

El holón familiar entonces como todos los holones, es una unidad discreta que tiene límites o fronteras. Estos límites los establecen quienes pertenecen y cómo participan cada uno en cada holón. Los límites entre los holones dan lugar a las lealtades y pertenencias. Estas fronteras se manifiestan incluso en el espacio físico, por ejemplo, los lugares que ocupan en la mesa o quién interrumpe a quién mientras se desarrolla una conversación.

Los límites son fundamentales para que los niños aprendan hasta dónde pueden llegar con las figuras de autoridad: padres, abuelos, cuidadores, maestros. Ellos desarrollan su personalidad mientras ensayan y comprueban estos límites. Las normas son la moldura en la que el niño se mueve para crecer y crear libremente, mientras desarrolla su autonomía, capacidades y habilidades sociales.

Ahora, quiero compartir algunos consejos para la formulación de límites claros para los hijos:

Deben ser mensajes concretos. Se debe evitar decir “pórtate bien”, es recomendable explicar qué conductas son esas que queremos que tengan (es peligroso que saltes sobre la cama, recoge tus juguetes, pon tus zapatos en este lugar).

  • Empleo de frases positivas. Las normas y límites que se expresan de forma afirmativa son mejor atendidas por los niños. En vez de decir “no golpees” podemos optar por decir que es mejor una conducta de respeto al resto de los niños.
  • Hablar de manera firme y tranquila. Se debe elegir el momento adecuado para explicarles las normas por las que no están actuando conforme a lo que queremos. Es mejor hacerlo de forma tranquila, pero procurando un tono serio y no negociable. ¿Cuándo es recomendable? Un momento que en lo particular me parece muy adecuado, es cuando los niños están tomando el baño y los padres pueden platicar tranquilamente con ellos.
  • Hacer normas gráficas. En el caso de que sean niños pequeños que aún no saben leer, es ideal usar imágenes para establecer reglas. Se pueden hacer dibujos o fotografías en las que ellos aparezcan haciendo la acción deseada para que se sientan involucrados.

Es importante resaltar que la parte difícil de poner reglas es cumplirlas los propios padres, pues si los niños ven que son los padres los que no las acatan, será mucho más fácil que ellos las transgredan. Otro punto a resaltar es que los padres no discutan las reglas frente a los niños, pues el mensaje que se transmite es que hay desacuerdo, por lo que los niños tratarán de encontrar algún espacio de oportunidad para incumplir los límites.

Y si parece que hasta aquí vamos bien, se debe considerar que los niños siempre buscarán la forma de que los padres cedan y para ello emplearán estrategias como el llanto, ruegos e incluso agresiones, pero si se han establecido reglas, es esencial que se mantengan pase lo que pase.

Dar alternativas es una estrategia extra. A pesar de que la idea es no ceder, sí podemos proponer alternativas a lo que solicitan, o incluso negociar dentro de lo que consideramos que nos parece bien o estamos dispuestos a ser flexibles, siempre y cuando lo pidan bien y no haya un mal comportamiento de por medio.

Espero que estas pautas puedan ser de utilidad a aquellos padres que tienen niños pequeños y como reflexión final, quiero decir que los niños están en vía de adquirir madurez e independencia, pero son seres sumamente inteligentes y esa misma inteligencia les arrojará las ideas para zafarse de las reglas y límites, por lo que la autodisciplina de los padres es un factor crucial. Además, recordemos que los niños tienen un arma muy poderosa: el propio amor que les tenemos a ellos. No perder de vista que las reglas y límites nacen precisamente del amor; teniendo en cuenta esto, el chantaje emocional quedará fuera.

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