¿Por qué no nos conformamos?

Por Fabiola Nevárez 

Es parte de la naturaleza humana no conformarnos nunca con nada o con todo.

“Estás contratado”, “Felicidades, acabas de conseguir tu trabajo soñado”, “Eres el nuevo (introduzca puesto) en la empresa (seleccione compañía), una posición única para la que eligen solo a uno entre miles de candidatos”, “Qué suerte”- piensas mientras te miras al espejo- ‘todo lo que siempre desee’ ”, y así continúas con cada aspecto de tu vida.

A esta característica se le conoce como ‘adaptación hedonista’. Es esa particularidad que tenemos de cansarnos enseguida de esas cosas buenas que nos ocurren en la vida.

Para muchos, el objetivo de la vida es ser feliz, es decir, alcanzar un estado continuo de felicidad plena en donde cada una de las metas han sido cumplidas y alcanzadas. Sin embargo, la llamada ‘adaptación hedonista’ es una especie de obstáculo que justamente se encarga de arrebatarnos esa sensación de satisfacción que nos invade tras haber logrado un objetivo. Es decir, somos capaces de ser felices, pero solo durante el ratito que dura el haber cumplido un objetivo.

Después de la anterior explicación vale la pena agregar un gran “peeeeeeeeeeeeeeero…” Efectivamente, el no conformarnos, como lo decíamos al inicio de este texto es parte de nuestra naturaleza, es parte de lo que nos hace ser humanos, peeeeeeeeeeeeero, particularmente hoy en día, sería bueno replantear el término. Como humanidad llevamos sumidos en el miedo, la incertidumbre, la psicosis, el encierro, la depresión y mil cosas más desde hace más de 18 meses a causa de esta pandemia por Covid-19. Aceptémoslo, nunca, ni en nuestras más locas pesadillas, nos hubiéramos imaginado que tendríamos que vivir con este cúmulo de obstáculos en la salud, la economía, la estabilidad, etc. Es por ello que el replanteamiento consiste en agradecer y valorar lo que tenemos hoy, en las condiciones en que lo tengamos, sin dejar de luchar por nuestros sueños, metas y objetivos, pero siempre bajo la premisa de que aún y cuando no pudiéramos creerlo posible, sí podría ser peor, si no lo crees piensa y compara lo que estamos atravesando en este momento versus lo que atravesaron nuestros antepasados, sin irnos más allá de nuestros abuelos o bisabuelos. Por ejemplo:

“Imagina haber nacido en 1900. Cuando tienes 14 años comienza la primera guerra mundial y termina cuando tienes 18, con un saldo de 22 millones de muertos. Poco después aparece una pandemia mundial, la gripe llamada española, matando a 50 millones de personas.

Sales vivo y libre, y tienes 20 años. Entonces a la edad de 29 años sobrevives a la crisis económica mundial, que comenzó con el colapso de la bolsa de Nueva York causando inflación, desempleo y hambre.

Cuando tienes 33 los nazis llegan al poder. Tienes 39 cuando comienza la 2a guerra mundial y termina cuando tienes 45 años, con un saldo de 60 millones de muertos.  Durante el Holocausto (Shoah), mueren 6 millones de judíos.

Cuando tienes 52 comienza la guerra coreana. Cuando tienes 64 años comienza la guerra de Vietnam y termina cuando tienes 75.

Un bebé nacido en 1985 cree que sus abuelos no tienen idea de lo difícil que es la vida, pero ellos han sobrevivido a varias guerras y desastres.

Un niño nacido en 1995 cree que es el fin del mundo es cuando su paquete Amazon tarda más de tres días en llegar o si no supera los 15 likes para su foto publicada en Facebook o Instagram…

En 2020, muchos de nosotros vivimos en comodidad, tenemos acceso a diversas fuentes de entretenimiento en casa y a menudo tenemos más de lo necesario.

Pero la gente se queja de todo. Tiene electricidad, teléfono, comida, agua caliente y un techo sobre sus cabezas. Nada de esto existía en otros tiempos. La humanidad sobrevivió a circunstancias mucho más graves y nunca perdió la alegría de la vida.

Tal vez sea hora de ser menos egoísta y más agradecidos”.

Este último texto es una réplica de un artículo que circula en redes sociales, pero que sin duda vale la pena compartir a manera de reflexión entre nuestros lectores para hacer conciencia de que a pesar de todo, si cerramos los ojos y ponemos atención podemos escuchar el latir de nuestro corazón, podemos casi sentir la sangre correr por nuestras venas y el oxígeno entrar a nuestros pulmones, algo que millones de personas ya no pueden hacer porque ni todo el dinero, ni todos los recursos fueron suficientes para ganarle la batalla a esta pandemia.

No dejes de luchar, de soñar, de imaginar, de buscar esa felicidad y tu realización, peeeeeeeeeeero, de vez en cuando detente, mira a tu alrededor y agradece que HOY tienes la oportunidad de seguir haciéndolo; reconoce que disfrutar del proceso no te convierte en un conformista, sino en alguien que, porque sabe lo que le ha costado, valora lo que tiene.

“La felicidad no vendrá a ti, sólo puede venir de ti”

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