Redes sociales y autoestima

Por Psic. Mónica Piedad de Jesús Ramírez Cisneros

La facilidad que tenemos en la actualidad de enterarnos de las noticias mundiales a una rapidez increíble hubiera sido un sueño hace algunos ayeres, y no sólo de las noticias, sino de la vida de los demás con el boom de las redes sociales, lo que nos dan grandes ventajas y de las cuales todos hemos disfrutado alguna vez. Sin embargo, quisiera tocar un tema un poco menos afortunado, el de las desventajas que vivimos precisamente por el gran avance de los medios de comunicación, específicamente en el mundo de las redes sociales.

Desgraciadamente, muchas personas encuentran sencillo el esconderse en la libertad de expresión para compartir áreas de su vida personal o saber de la vida de los demás, cayendo en las tan abundantes “verdades maquilladas” o “mentiras descaradas”, de parejas perfectas, sonrientes, felices, cuerpos estilizados, familias amorosas, mascotas amadas, etc., y que a veces no son más que fotos, imágenes que alegran un instante el ojo ávido del espectador, lo cual de cierta manera, no tendría por qué ser un hecho poco afortunado.

Sin embargo, para el espectador más vulnerable o sensible, que generalmente es el niño, el adolescente o la persona sensible por estar viviendo una vida triste o problemática o por padecer algún problema de salud mental como depresión, el hecho de exponerse constantemente al bombardeo de la “PERFECCIÓN DE LAS REDES SOCIALES”, puede ser un factor que desencadene o empeore un problema emocional subyacente y que afecte de varias maneras a la persona, siendo algunas de las más comunes, la afectación de la autoestima y el sentimiento de frustración o vacío.

Esto aunado a que es muy común y ya inherente a las redes sociales, el estar esperando contactar con el mayor número de internautas para que los mismos se vuelvan seguidores o productores de “likes”. Así, los usuarios de las redes sociales, generalmente están divididos en tres tipos: los que siempre tienen miedo a ser rechazados; los que se creen más simpáticos que nadie, pero no son muy carismáticos que digamos; y los que siempre saben cómo abrir los corazones de los demás por su simpatía. Algo parecido a lo que sucede en la vida real, pero más tangible en la vida de las redes sociales.

Como comenté al principio, no me centraré en todas las ventajas de los avances en medios de comunicación, y redes sociales ya que todos los hemos disfrutado y los conocemos bien, más bien quiero resaltar el hecho que como sociedad y sobre todo, como padres de familia, debemos estar bien atentos a cómo se están viendo afectados nuestros hijos o nuestros seres queridos con el incesante requerimiento de que seamos los perfectos niños, los perfectos estudiantes, los perfectos amigos, los perfectos deportistas, los perfectos padres, los perfectos esposos, los perfectos… y lo único que lograremos si caemos en este sin sentido será ser los “perfectos infelices arquitectos de una vida vacía”.

Todos sabemos que no todo lo que brilla en las redes es oro, pero los más vulnerables o nosotros mismos en momentos de vulnerabilidad no estamos exentos de ser afectados. Por lo que el uso de las redes debe de ser cuidadoso, regulado por cada familia según los puntos fuertes y débiles de cada miembro. Pero lo más importante desde mi punto de vista como profesional de la salud mental es que no dejemos de lado el cuidar precisamente nuestra salud mental.

El hecho de que uno de nuestros hijos prefiera “socializar” más con un “amigo” que conoció en internet que con su amigo que va a su misma escuela, el hecho de que los adolescentes quieran conocer al “amor de su vida” en redes en lugar de en la vida real, o que se “deprima” porque sus publicaciones no alcanzan muchos likes; ya de por sí nos habla de algo que tendríamos que tomar como un foco rojo.

No es suficiente hablar con el afectado y tratar de indicarle que el estar triste por ese motivo es inútil o pérdida de tiempo, o el de pasar horas convenciéndolo de que suelte su celular o su laptop y salga al aire libre.

En mi opinión sería muy importante que tomemos en cuenta la urgencia de acudir a terapia o atención psicológica con un Psicólogo Clínico, con un Psiquiatra o recibir apoyo de un Tanatólogo según nuestra necesidad, para hacerlo tal vez nos ayudaría pensar lo ilógico que sería dejar una fractura con hueso expuesto sin atención médica porque tenemos la convicción que el tiempo lo cura todo.

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